Durante la campaña del Kickstarter, un personaje secundario fue cobrando protagonismo poco a poco entre los backers y fans de Infinity Defiance: Agnes Gerung Ferreira, la piloto de la Stalker, la lanzadera de la Defiance, un PNJ al que tendremos que rescatar de las garras de los Shasvastii en la Misión 1.
Representada por un token, se ganó el corazón de los fans surgiendo un movimiento llamado #PrayForAgnes en el que se pedía cumplir un sueño: que Agnes tuviese miniatura en Infinity Defiance. ¡Querían de cobrase vida! Y como en CB nos encanta escuchar a nuestros fans, creamos el stretch goal final de la campaña que consistió en una miniatura de Agnes.
Pero no nos hemos quedado solo ahí, Agnes se merecía más, y Gutier “Interruptor” Lusquiños le insufló más vida creando su trasfondo.
¿Queréis saber más sobre Agnes? Seguid leyendo.
“I Fly the Friendly Skies” (Vuelo en cielos amigables). Lema personal de la Oficial Ferreira.
Para Agnes Gerung Ferreira, los héroes llevan alas. Desde los ángeles de los que oía hablar en el sermón de los domingos, hasta su madre, Luísa Gerung, que trabajaba como piloto remoto de las aeroambulancias del servicio de emergencias local desde una cabina de control en la granja de su Acontecimento natal. Agnes se pasó horas viendo pilotar a su madre y aprendiendo de ella. Así, durante su adolescencia ya se ganaba un dinero extra reprogramando los aerorremotos fumigadores de otros granjeros, o modificándolos para que pudieran cargar un arma paralizante con la que cazar alimañas o intrusos. Ese dinero le servía para pagarse su propio aerorremoto y participar en carreras, tanto legales como clandestinas, de estas unidades robóticas aéreas, además para las dádivas del domingo en la parroquia. Allí, durante un sermón dominical, fue donde escuchó una cita de la encíclica “De Lucis Aeternae” del papa Calixto IV que afirmaba que “estar en gracia con Dios era como para un piloto volar siempre en cielos amigables”, parafraseando un slogan comercial bastante reiterativo de varias compañías aéreas de su momento. Una frase que marcaría su vida. Pero rezos y donaciones no son suficientes para entrar en la academia de vuelo de la Armada. Lo que hace falta es un buen expediente académico, algo de lo que, tras tanta actividad extracurricular y tanta carrera ilegal, Agnes carecía.
Sin embargo, los cielos aún no estarían cerrados para ella: las fuerzas terrestres ponían muchos menos requisitos curriculares para ingresar en sus escuadrones atmosféricos, por lo que se alistó sin dudarlo. Tras superar el período de instrucción, Agnes pidió un puesto en zona de conflicto, siendo destinada a Paradiso, donde, a los mandos de los aerotransportes de asalto, demostró una absoluta calma bajo presión y un carácter impertérrito por intenso que fuera el fuego hostil. Pero, a pesar de que disfrutaba de sus alas, ella aspiraba a poder volar más allá del cielo, y alcanzar las estrellas. De tal manera, tras dos años de servicio en el frente, pudo optar a realizar el curso de especialización en vuelo transatmosférico de la Armada, que la capacitaban para pilotar lanzaderas desde y hasta órbita alta.
Los instructores de la Armada supieron apreciar las aptitudes y el pulso firme de Agnes, abriéndole la puerta a la academia de vuelo a través del programa de intercambio de personal. Allí, en el ambiente elitista de los aspirantes a oficiales, su carácter franco y religioso tan característico de las zonas agrícolas de Acontecimento contrastaría, según sus propias palabras: “como una boñiga en un salón de baile”. Sin embargo, una vez en los simuladores de vuelo, y aún más en las prácticas reales, su veteranía y experiencia se impondrían sobre cualquier consideración de etiqueta, equilibrando unas notas académicas un tanto mediocres, lo que le permitiría obtener sus ansiadas alas de oficial.
Tras graduarse, Agnes fue enviada al Bloqueo de Aqueronte donde, tras varias salidas de combate, demostró que aquella actitud suya tan propia de los pilotos militares de las fuerzas terrestres, segura de sí misma y osada, tenía una base sólida y real. Por tal motivo, no es de extrañar que en el historial militar de Agnes conste que, en todas las naves de la Armada en las que ha servido, siempre se ha presentado voluntaria como piloto de lanzaderas en operaciones de patrulla, abordaje o inserción/ extracción táctica, por arriesgadas que fueran.
No obstante, el auténtico punto de inflexión en su carrera sería su papel sobresaliente durante la evacuación de los colonos del asentamiento portuario de Frusen Bukt. Allí, en medio de una de las temibles tormentas Fimbul que azotan Svalarheima, y que son una trampa mortal incluso para aquellos pilotos con pulso y nervios de acero, Agnes realizó cuatro extracciones de emergencia con una lanzadera que, tras cada viaje, se veía cada vez más maltrecha y deteriorada. En esta operación se salvarían las vidas de centenares de colonos y, gracias a ella, se le abrirían las puertas del programa Defiance, en reconocimiento a su valerosa y desinteresada actuación. Y es que, cuando vuela con las alas de los héroes de su infancia, Agnes no tiene miedo porque puede sentir la mano de Jesús en su hombro, guiándola a través de la oscuridad y del fuego enemigo, por densos e intensos que sean.

Recordad que podéis conseguir a Agnes y todos los Stretch Goals aplicables a cada Pledge sólo hasta el 18 de marzo.
Si no has podido participar en el Kickstarter esta es tu oportunidad.




