Los Hambrientos
Los Hambrientos son operativos ligeros de combate. Pertenecen a alguna raza bastarda encontrada por la IE en algún planeta olvidado.
La diferencia entre Gakis y Pretas se encuentra en la presencia del macho, un parásito simbionte que se aloja en la base del cráneo de la alienígena hembra.
Para alimentarse, este macho-simbionte altera la bioquímica corporal del huésped-hembra (Gaki), acelerando las conexiones neuronales y dotándolo de una mayor inteligencia.

Aunque no llegan a ser en absoluto racionales, mejora su capacidad de aprendizaje y manipulación de objetos, siendo denominada esta entidad simbionte doble Preta.
Es muy probable que tanto Gakis como Pretas sean entrenados con un sistema de prueba-recompensa, que la IE facilita estimulando artificialmente su sensación de hambre.
De ahí su designación militar dentro del Ejército Combinado como “los Hambrientos”.
Los humanos los conocieron en Paradiso, donde se les asignó el nombre código de Gakis y Pretas –apelativo de los fantasmas caníbales en japonés e hindi– por la fiereza de sus ataques y porque gustan de moverse en manada.

El principal uso militar de estas criaturas es disuasorio y de ruptura de las líneas enemigas.
La experiencia ha demostrado a las tropas humanas que no deben permitir que se aproximen demasiado.
Los Hambrientos han sido entrenados para ser insidiosos antes que inteligentes.
Todos ellos portan garra-armas modificadas, pero los Pretas, además, gracias a la presencia del macho-simbionte, pueden expulsar amplios chorros de pequeñas excrecencias calcáreas a gran velocidad, con la eficacia de un arma de metralla.
Los Pretas poseen también la capacidad de exudar unos glóbulos sensibles cargados de neurotoxinas, llamados biominas, una ventaja evolutiva desarrollada para proteger sus lugares de desove pero que causaba numerosos problemas de seguridad y de bajas por fuego amigo, por lo que son extirpados quirúrgicamente antes de su despliegue.
En combate, los Hambrientos prefieren moverse en grupos, siguiendo pautas aleatorias, y lo hacen al unísono, con lo que nunca salen perdiendo.
Lo cierto es que son mal asunto.
La velocidad y determinación de sus ataques los convierte en enemigos implacables y aterradores, porque, como suele decirse de ellos, jamás renuncian a su libra de carne.




