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SO-RA KWON, SARGENTO JUJAK

Gutier Lusquiños

Gutier Lusquiños

SO-RA KWON, SARGENTO JUJAK

El EstadoImperio cuida de sus ciudadanos, de todos sus ciudadanos. No es un sistema despiadado que sólo premia el éxito, como ocurre en PanOceanía. En Yu Jing se reconoce la valía de todos los ciudadanos y se les apoya para que puedan prosperar gracias a su propio esfuerzo. Incluso de aquéllos que han tenido mala suerte reciben la ayuda del EstadoImperio para resurgir de sus cenizas a través del trabajo duro y el compromiso con los ideales y objetivos de Yu Jing. Y ése fue el caso de So-ra Kwon, una “princesa chaebol” caída en desgracia y convertida en otra de las muchas heroínas del Ejército EstadoImperial. 

Los chaebols, los poderosos conglomerados industriales coreanos, sufrieron una fuerte transformación bajo el régimen yujingyu. El EstadoImperio no podía tolerar la existencia de gigantes económicos con gran influencia política y que fueran un paraíso de privilegiados. Por tanto, se impusieron férreos mecanismos de control, similares a los de las restantes corporaciones yujingyu, que limitaron esta influencia y los sometieron a la supervisión del Partido, para que los ciudadanos coreanos del EstadoImperio pudieran disfrutar de esa sociedad igualitaria y justa tan característica de Yu Jing y que es envidia de muchos en la Esfera. 

No obstante, resulta inevitable que los grandes ejecutivos corporativos de los chaebol, al igual que los de otras corporaciones yujingyu, acaben disfrutando de unos mayores ingresos, contactos e influencia que un ciudadano medio. Es lo que en los territorios coreanos deYu Jing se conocen como “la realeza chaebol”, una realidad de la que el Partido es consciente y mantiene controlada.  

So-ra Kwon –o Kwon So-ra (권소라), si nos atenemos a la grafía coreana– era una “princesa chaebol”, la hija de unos altos cargos del chaebol Jangjeom (장점, Ventaja) que disfrutó de una vida privilegiada hasta que sus padres cayeron en desgracia. Unos errores de criterio por parte de su padre, máximo responsable de la división de Evaluación de Riesgos de Jangjeom, causaron terribles pérdidas económicas a todo el conglomerado, y a una disputa con el Ministerio de Economía EstadoImperial. Esto condujo a un fulminante despido de ambos progenitores que se vieron en la calle y con una mancha en su currículo difícil de ocultar que los condenaba a los puestos más bajos de la escala laboral de Koguryo.

De lo más alto a lo más bajo, y de la noche a la mañana, así fue el baño de realidad para la joven So-ra. Sus perspectivas de futuro, con un puesto asegurado en las universidades más prestigiosas, borradas de un plumazo. A partir de aquel momento, tendría que esforzarse de verdad para prosperar, al igual que todos los demás jóvenes yujingyu. Esto era algo a lo que So-ra no estaba acostumbrada tras una vida llena de facilidades, tal y como mostraba un historial académico no especialmente brillante. Además, acabar en un instituto público de una barriada popular en la ciudad industrial de Magosung –el típico sumidero de khangpae, pandilleros coreanos– no la iba a ayudar en lo más mínimo. So-ra tuvo que concentrarse en sobrevivir antes que en aprobar exámenes, una “princesa chaebol” es fácil de rastrear en Maya, y víctima automática de bullying. Y para una chica con carácter como ella, eso supone acabar en la UCI tras una brutal paliza.

Cualquiera podría pensar que nuestra “princesa chaebol” se quebraría. Pues no, muy al contrario. Es cierto que algo se quebró en ella, pero algo que nadie se esperaba. So-ra era una psicópata funcional, cuya enfermedad estaba perfectamente controlada gracias a una medicación experimental haqqislamita que una glándula biosintética preprogramada injertada en su cuerpo le suministraba en dosis precisas. Pero la paliza afectó a esa glándula, que eliminó la medicación de su organismo, medicación que hubo que reemplazar. Lamentablemente, los antipsicóticos XTR-2 que la Sanidad pública del EstadoImperio podía proporcionar no era tan efectivos como la magia haqqislamita. Ni la equilibraban tanto, ni duraban lo mismo, requiriendo más supervisión, más mantenimiento técnico y, sobre todo, más autocontrol por su parte. Pero, tras aquella paliza, y sintiéndose traicionada por la sociedad, So-ra no estaba precisamente en modo colaborativo. 

Así, con unos antipsicóticos XTR-2 insuficientes, y sin que ninguna autoridad escolar fuera advertida de ello, volvió al instituto. Allí, deliberada y minuciosamente, manipuló y engañó a todo el que fue necesario para vengarse de los khangpae que la habían apalizado. Venganza que ejecutó de forma física en el cabecilla de ellos, aunque nadie la pudo implicar en aquel homicidio nunca resuelto y que se atribuyó a un ajuste de cuentas entre bandas. 

Así llegó al final de curso, con unas notas que no le permitían entrar en ninguna universidad, de manera que optó por el ejército. Una carrera militar le podría abrir las puertas de alguna universidad importante, o contactos en el Partido, y así trepar socialmente hasta donde esta “princesa chaebol” consideraba que se merecía estar. Por supuesto, le tocaba empezar desde abajo, pero una “psicopatía funcional” le permitiría aprovechar lo mejor de sus características (inteligencia, calma, racionalidad, implacabilidad…) evitando las peores de ellas, como que su comportamiento antisocial resultara evidente, o que básicamente, la pillaran. 

Al enrolarse en oficina de reclutamiento de la ciudad de Magosung, la elección de unidad de destino era obvia, de modo que So-ra acabó en el regimiento Jujak: su trampolín hacia un futuro mejor. Allí demostró que el negocio de matar de manera profesional se le daba bien: pulso firme, ojo certero y una gran capacidad para localizar las vulnerabilidades de sus objetivos. Capacidades que también usó para impulsar su carrera militar, apartando a posibles competidores en cada puesto, de modo que logró ascender con rapidez, y aún más en tiempos de conflicto como los actuales, donde el competidor puede simplemente caer en un fuego cruzado. Todo ello sin que So-ra sienta el menor de los remordimientos.

Se dice que los psicópatas son oportunistas, de modo que cualquiera que se cruce en el camino de esta joven corre el riesgo de convertirse en una oportunidad para ella. ¿Es un juego peligroso el que está jugando? Lo es, sin duda, pero, al igual que otros muchos psicópatas, So-ra es inteligente y cuidadosa. Siempre está atenta a las señales: cuando nota que empieza a ser demasiado poco empática con las tropas bajo su mando, o que comienza a correr demasiados riesgos, y a poner en peligro su carrera, cuando percibe que la situación se empieza a deteriorar… Entonces, rápidamente solicita al servicio médico que le rellenen la glándula difusora de medicación, pero sin advertirles que ésta sigue sin estar bien afinada del todo. Ésa es una ventaja a la que no está dispuesta a renunciar, porque sabe que la Esfera es un lugar duro y despiadado y necesitará esa ventaja, porque es la ventaja que le ayudará a llegar a la cima. Una carrera hacia el éxito en la que siempre contará con la ayuda del EstadoImperio, porque en Yu Jing se recompensa el esfuerzo, y está claro que no hay nadie que se esfuerce más que ella.

Ésta es la sargento So-ra Kwon: todo un ejemplo del EstadoImperio y de la sociedad igualitaria que Yu Jing ha forjado. 


El perfil de So-ra Kwon estará disponible la semana que viene en Army y su miniatura a final de mes en la store y en tu FLGS.

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