A los Trinitarios les fascinan los grandes misterios, por ello han consagrado su vida al estudio del misterio de la Santísima Trinidad, la gran paradoja de cómo es posible que Dios sea uno y tres a la vez, uno de los grandes enigmas de la religión cristiana y materia de debate teológico a lo largo de los siglos. Pero ni la Esfera Humana ni la Iglesia viven tiempos que permitan la simple vida contemplativa, requiere de hombres y mujeres que se comprometan a hacer que el plan de Dios se cumpla. Por tal motivo, los Trinitarios tomaron su mismo objeto de estudio como modelo de conducta a seguir: ellos también serían tres cosas completamente diferentes a la vez. Estudiosos y salvadores, pero al mismo tiempo ejecutores. En vez de limitarse a continuar profundizando en las grandes cuestiones teológicas, los Trinitarios se ocuparían, además, de los desafortunados y desamparados, pero también combatirían el mal y a los enemigos de la fe allá donde estuvieran. Para ello crearon la denominada Tercera Regla, un grupo selecto no sólo versado en el estudio teológico, como los miembros de la Primera Regla, sino también con vocación redentora, como los integrantes de la Segunda Regla, pero con la tarea añadida de afrontar a todos aquellos que obstruyan la labor de la Iglesia y el plan de Dios.

Los miembros de la Tercera Regla, conocidos como Terciarios, se instruyen en técnicas de operaciones especiales, incursión y actividades encubiertas, formándose con profesionales de Aparato Militar Panoceánico e instructores del Hexaedro. Muchos de ellos provienen de las filas de los Sargentos de Orden, hombres y mujeres que han decidido implicarse aún más en su compromiso con su fe y con el deber hacia Dios. Inspirados por las Unidades de la Merced de la Orden del Hospital, y siguiendo el principio redentor de la Orden Trinitaria, los Terciarios favorecen aquellas misiones en las que el objetivo sea liberar cautivos. No obstante, más allá de los prisioneros de guerra, a los Trinitarios les preocupan más aquellos civiles e inocentes que se han visto arrollados por la marea implacable e indiscriminada de cualquier conflicto.

Los hospicios y casas de caridad donde los Trinitarios ejercen su labor redentora y caritativa suelen servir como base de operaciones encubierta para los Terciarios, y todas ellas suelen tener al menos a un miembro de la Tercera Regla tanto como elemento de seguridad como agente destacado en avanzada para aquellos casos en que una necesidad acuciante requiera de sus servicios. Estos eruditos del misterio han dominado la técnica de la invisibilidad, algo para lo que es necesario mucho más que tecnología avanzada, también una formación específica altamente especializada y muy necesaria para sus requerimientos operativos. Los Terciarios acostumbran a verse implicados en operaciones delicadas que requieren de la máxima precisión y efectividad, pues la vida de gente buena y desafortunada suele estar en juego. No hay margen de error para un Terciario porque cuando no es la vida de un inocente la que se encuentra en peligro, entonces será la suya la que se encuentre al borde del abismo. Ése es uno de los motivos por los cuales su modus operandi se basa en el sigilo y el secreto, una cuestión de supervivencia, pero también de optimización de su capacidad ofensiva.

El plan de Dios puede implicar mucho más que salvar civiles, a veces requiere enfrentarse al Mal directamente y en persona. El Mal puede ser tanto un alienígena al servicio de una IA extraterrestre como cualquier enemigo de la Iglesia. Adversarios frente a los cuales no hay compasión posible y ante los que los Terciarios serán tan implacables como efectivos, porque ésa es su tarea: desvelar misterios, salvar inocentes y ser las manos ejecutoras del Señor en la Esfera Humana.

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